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Cambio en el itinerario de la excursión al románico palentino

MazcuerrasComo os adelanté por correo, hemos tenido un pequeño problema con la comida en Potes, así que, después de leer vuestras respuestas, he hecho un cambio en el itinerario de regreso del viaje a Aguilar de Campoo. La jornada del día 3, domingo, queda así:

Salida de Aguilar en dirección Mazcuerras, un precioso pueblo montañés, bañado por el Saja, donde pasó vacaciones y murió Josefina Aldecoa. Los del club de Pravia recordaréis que hablamos de la posibilidad de una visita cuando leímos Historia de una maestra. Aquí también tuvo su casa familiar la escritora Concha Espina, que ambientó su primera novela, La niña de Luzmela, publicada en 1909, en esta localidad. En reconocimiento a este hecho, la villa cambió su nombre por el de Luzmela, dedicándole una Plaza presidida por el busto de la escritora, que fue sustituido en 2008 por una escultura realizada por su bisnieto. Será Pilar, la bibliotecaria, a quien agradezco muchísimo toda su ayuda en este rapidísimo cambio de planes, quien nos guíe. Mientras os preparo alguna lectura para la zona, podéis encontrar más información local en la página de la Biblioteca Pública Municipal de Mazcuerras.

Después de la visita, habrá un rato para probar el famoso vino blanco de la localidad y trasladarnos al Restaurante La Retama. Os enviaré por correo electrónico información del menú y precio. Después de comer emprendemos el camino de vuelta a casa.

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Historia de una maestra

portada-historia-una-maestra_grandeSupongo que nuestra próxima lectura seguirá, en la línea de las que ya hemos hecho este año, gustando a la mayoría, aunque sólo sea porque es un homenaje a un colectivo que abunda en nuestro club: el de los maestros. Esta quincena la dedicaremos a Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, publicada en 1990 y primera entrega de una trilogía sobre el tema de la enseñanza que se completa con Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). La propia autora nos dice que “es un homenaje a mi madre y a los maestros de la República, a su esfuerzo y dedicación en unos momentos de nuestra historia en los que su sacrificio estaba justificado por la necesidad de salvar al país educándolo, pues tal fue el mandato que recibieron”.

Leeremos la historia de Gabriela, que en 1923, recoge su título de maestra y comienza a trabajar en varias escuelas rurales en España y Guinea Ecuatorial. Quizás Gabriela encontrará un panorama muy parecido al que nos describe el informe de la Inspección de Primera Enseñanza sobre el estado de las escuelas del concejo de Pravia en 1921, que se conserva en el Archivo Histórico Municipal.Escuelas nacionales de Pravia, años veinte del pasado siglo En él se habla del nivel de conocimiento de los alumnos, aconsejando entre otras cosas que “en esta y en todas las escuelas de la zona en donde los niños están casi en su mayoría predestinados a la emigración que se den a éstos conocimientos de las operaciones del cambio de moneda con los países de Europa y América, valiéndose de la información que de la Bolsa traen todos los días los periódicos”; de cómo debía ser la actitud del maestro hacia el alumno, “relación que se refiere principalmente al continuo estimular del espíritu por medio de conversaciones sobre la lectura y sobre todos los actos que de la acción de los niños se pueda deducir”, o de los edificios, “el local no tiene condiciones de seguridad debido a que se encuentra sobre una cuadra cuyos muros están derribándose y la casa habitación es incapaz y no muy adecuada al objeto a que se destina”, para terminar con una declaración hoy plenamente vigente: “el Estado no puede tolerar que en ningún pueblo exista un solo individuo a quien no se pueda dar enseñanza gratuita”. En la reunión os enseñaré más documentos de los que conservamos en la sección de enseñanza que nos trazarán un buen retrato de la evolución de las escuelas de nuestro concejo y de la enseñanza en general. Os aseguro que ha sido una completa casualidad plantear este tema que vuelve a estar de candente actualidad…

Hija y nieta de maestras, Josefina Aldecoa nació en La Robla (León) el 8 de marzo de 1926. Formó parte del grupo que publicaba la Josefina Aldecoarevista Espadaña y en 1944 se trasladó a Madrid donde estudió Filosofía y Letras y se doctoró en Pedagogía. En la facultad conoció y formo parte del grupo de amigos que más tarde sonarían como miembros de la llamada generación de los cincuenta, como Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Carmen Martín Gaite e Ignacio Aldecoa, con quien se casó en 1952 y cuyo apellido adoptó. Si recordáis, de este grupo ya hablamos largamente cuando leímos Las personas del verbo de Jaime Gil de Biedma. En 1959 fundó, en Madrid, el Colegio Estilo, inspirándose en las ideas de su tesis doctoral, en las escuelas que había visto en Inglaterra y Estados Unidos y en el krausismo, base ideológica de la Institución Libre de Enseñanza. En 1969, murió su marido y durante años permaneció alejada de la literatura, hasta que publicó su edición crítica de una selección de cuentos de Ignacio Aldecoa en 1981. Desde ese momento reanudó su actividad literaria publicando además de novela, libros infantiles y obras de pedagogía. Murió en su casa de Mazcuerras, Cantabria, el 16 marzo de 2011.

Para saber más de la autora os dejo dos enlaces. Uno a la necrológica que le escribió Fernando Valls, Recuerdos de Josefina Aldecoa, y otro, que os recomiendo vivamente, al capítulo de Esta es mi tierra en que la propia autora nos conduce por los paisajes que marcaron su vida, titulado La fuerza del destino.

Os deseo, una vez más, feliz lectura y nos vemos, para comentar este libro, el jueves 20 de diciembre, a las ocho de la tarde, en la Biblioteca. 

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